¿Tiene Scalesia los días contados?


Las islas son ecosistemas que desarrollan especies únicas. Con frecuencia la acción del hombre hace que lleguen a ellas, especies exóticas que logran sobrevivir con éxito en esos nuevos ecosistemas, poniendo en peligro a las especies nativas que han estado allí por miles de años. Eso está sucediendo con Scalesia.

Las islas son ecosistemas que desarrollan especies únicas. Con frecuencia la acción del hombre hace que lleguen a ellas, especies exóticas que logran sobrevivir con éxito en esos nuevos ecosistemas, poniendo en peligro a las especies nativas que han estado allí por miles de años. Eso está sucediendo con Scalesia.

“No a todas las zonas de Galápagos es posible acceder a pie. Hasta allí puedes mandar estos pequeños aviones que cuentan con un software que los dirige, toman fotos y llegan prácticamente a tu mano. Son herramientas extremadamente útiles.” asegura Gonzalo Rivas-Torres mientras opera un dron. Él no está jugando. Está investigando. Desde hace un tiempo ha incorporado la tecnología de los drones a su trabajo de campo.

Como ecólogo, busca entender qué pasa con las plantas en varios ecosistemas -entre ellos- los de Galápagos. Allí se ha enfocado a estudiar el comportamiento de Cedrela odorata, comúnmente conocida como cedro, un árbol de gran tamaño y madera fuerte. Fue introducido en el archipiélago en la década de los cuarenta y una vez allí se convirtió en una especie invasora que compite con otras especies nativas, especialmente con Scalesia, un género que sólo existe en Galápagos. A través de varias investigaciones, Gonzalo ha descubierto que la invasora Cedrela -al ser más alta- accede de manera más eficiente a la luz del sol, favorece el crecimiento de otras plantas invasoras y cambia la composición química del suelo.

“Encontramos que Cedrela – explica Gonzalo - tiene aparentemente una condición que llamamos alelopatía que, es definida como una característica que ciertas plantas pueden tener para producir determinados químicos que directamente afectan la germinación o el crecimiento de otras plantas; en este caso de plantas nativas”.

Todas estas condiciones han puesto en jaque a Scalesia. Gonzalo explica que este árbol cubría casi toda la zona alta de la isla de Santa Cruz. Ahora, esa distribución original se ha reducido al 1% y se ha acabado con el 99%.

En 2013 junto con el Ministerio del Ambiente, Rivas–Torres levantó mapas satelitales de los ecosistemas de Galápagos, que hoy van a perfeccionarse gracias al uso de drones. Esto permite entender cómo avanza Cedrela: “Ahora podemos saber qué tipo de ecosistemas están distribuidos en ciertas áreas; vamos a saber por qué estamos distribuidos ahí, y eso nos va a permitir a futuro realizar modelos matemáticos que nos dejarán saber hacia dónde avanzan estos nuevos ecosistemas o qué condiciones tendrán que tolerar”.

Erradicar Cedrela de las islas es una tarea titánica, prácticamente imposible. Implica mucho trabajo y dinero con resultados inciertos, pero el desarrollo de la ciencia sí permite poder controlarla mejor y así contribuir a la conservación de uno de los tesoros naturales de este planeta.

“A Cedrela hay que manejarla, hay que controlarla, evidentemente el Parque Nacional Galápagos lo hace, y ahora tenemos mucha más información para saber cómo hacerlo”, concluye.

Esta investigación ya ha arrojado algunas conclusiones, sin embargo, continúa para desentrañar más detalles acerca de la competencia entre la flora endémica y la flora introducida.

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