No es halago, es acoso callejero


Una creativa campaña de comunicación concebida en la Universidad San Francisco de Quito, busca revelar un tipo de violencia cotidiana y silenciosa y persigue también crear conciencia para conseguir cambios de conducta.

Una creativa campaña de comunicación concebida en la Universidad San Francisco de Quito, busca revelar un tipo de violencia cotidiana y silenciosa y persigue también crear conciencia para conseguir cambios de conducta.

Hay cierto tipo de violencia que, por ser común y quizás más sutil, nos parece aceptable. Esa es la violencia simbólica, y muchas veces se manifiesta como acoso callejero.

“¿Qué pasa todos los días cuando las mujeres salimos a la calle? algunos hombres empiezan a acosarnos y creen que están en su derecho de opinar sobre nuestra sonrisa, sobre nuestro pelo, o sobre nuestro cuerpo o acerca de cómo estamos vestidas. A partir de eso y de esa sensación de invasión permanente que sentimos como mujeres, comenzamos a trabajar en eso” afirma Gabriela Falconí, profesora de la carrera de Comunicación Organizacional de la Universidad San Francisco de Quito, quien dirigió una investigación acerca del acoso callejero. Éste es un tipo de violencia de género y se caracteriza por los comentarios con contenido sexual, miradas o silbidos que reciben muchas mujeres por parte de extraños en espacios públicos.

Sara Borja y Andrea Lalama participaron en este estudio y levantaron información que demostró que 7 de cada 10 mujeres en esta ciudad sufren de acoso callejero. Esta realidad limita el comportamiento de las víctimas.

“Les preguntamos si el hecho de ser mujer, afectaba su hora de regresar a casa, dijeron que sí. En comparación los hombres que un porcentaje mucho mayor dijeron que no. También les preguntamos si afectaba en su forma de vestir, el hecho de ser mujer. Si pesaba el qué dirán o su estereotipo de lo que está bien o mal. La mayoría nos dijeron que sí…entonces vemos que a las mujeres sí les limita esto de la violencia simbólica”, afirma Sara.

Pero el trabajo fue más allá. Una vez entendido el problema, se emprendió la campaña “No es halago, es acoso callejero” que buscaba generar resultados concretos de cambio.

“Buscábamos generar dos cosas muy importantes: la una, que los estudiantes puedan tener la capacidad de generar empatía a través de sus campañas, no crear más miseria alrededor de la causa ni crear morbo y la otra conseguir recursos económicos que es otra cosa que siempre hacemos los comunicadores y ya lo vamos llevando a la praxis para que esto cambie la realidad de alguna fundación”, afirma Gabriela Falconí.

Fue así como junto a la fundación Cascos Rosa, emprendieron una serie de actividades. Se dieron charlas a 200 niños de una escuela pública de Quito. Se produjo piezas en video que buscaban sensibilizar a la población en este tema, se contó con la participación de Jalal Dubois como vocero. Así también se generaron eventos culturales para crear conciencia y levantar fondos para la operación de la fundación aliada. Toda la campaña fue difundida a través de radio y redes sociales.

Acciones generadas desde la Universidad San Francisco de Quito, que buscan modificar patrones socio culturales que tiendan a una sociedad menos violenta. Una sociedad en la que las mujeres puedan sentirse más seguras.

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