La USFQ aporta a la doctrina jurídica ecuatoriana


Sin que nos demos cuenta, nuestra vida está llena de los llamados “negocios jurídicos”. Estos son declaraciones de voluntad que dos o más personas realizan y que generan, modifican o extinguen derechos y obligaciones entre ellas.

Sin que nos demos cuenta, nuestra vida está llena de los llamados “negocios jurídicos”. Estos son declaraciones de voluntad que dos o más personas realizan y que generan, modifican o extinguen derechos y obligaciones entre ellas.

“Permanentemente nosotros vivimos celebrando negocios jurídicos desde que salimos de casa hasta que regresamos a dormir; desde que compramos un tabaco o un refresco, subimos a un bus, llenamos el tanque de gasolina del automóvil, almorzamos pagamos un almuerzo…todas esas actividades son negocios jurídicos –generalmente- contratos y esos son los negocios jurídicos más frecuentes que se realizan”, afirma Luis Parraguez Ruiz, profesor del Colegio de Jurisprudencia de la Universidad San Francisco de Quito

Él ha publicado “El Negocio Jurídico Simulado”. Sucede que a veces los negocios jurídicos se simulan, y eso ocurre cuando hay una declaración ficticia de la voluntad de las partes. Es decir, cuando ellas dicen querer algo, cuando -en realidad- lo que quieren es otra cosa. Un caso muy frecuente se da cuando una persona con deudas, simula vender sus bienes para –aparentemente deshacerse de ellos- de tal manera que los acreedores no puedan actuar sobre esos bienes. Sin embargo, no todas las simulaciones son fraudulentas ni buscan perjudicar a un tercero.

“Algunos tratadistas franceses ponen el ejemplo de una persona que quiere hacer un acto de beneficencia pero que -por modestia- no quiere figurar como benefactor. Entonces utiliza otra persona para que aparente ser el benefactor, para que el benefactor real permanezca en el anonimato”, agrega.

El autor dedicó más de 3 años a revisar bibliografía y jurisprudencia española, argentina, colombiana, e italiana.

En el libro se estudia la simulación en las relaciones laborales y en las societarias, en el matrimonio y en los contratos en general. Uno de los capítulos que más aporta es el que se refiere a la prueba de la simulación, algo que es muy complicado probar y -salvo si hay una confesión expresa- sólo puede ser verificado a través de indicios. Parraguez nos da un ejemplo: “si yo declaro estar vendiendo una casa en 100 mil dólares es lógico que pueda justificar un ingreso de 100 mil dólares en mi patrimonio, y al mismo tiempo es lógico suponer que el que aparece como comprador pueda justificar un egreso patrimonial de 100 mil dólares. Cuando ello no se puede probar también es lógico pensar que allí hay un indicio para concluir que ese negocio jurídico fue simulado”.

Esta publicación contribuye, pues es una de las dos únicas que se han hecho en el país sobre este tema. La otra fue realizada hace varias décadas y era preciso actualizarla. Y es que el ejercicio del Derecho va mucho más allá que aplicar o crear leyes, sino que es preciso estudiar para sentar doctrina que permita a las autoridades tomar decisiones justas.

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