Las pequeñas especies también contribuyen con el equilibrio del ecosistema


Un estudio realizado en la USFQ demuestra que las lagartijas de lava de la isla San Cristóbal de Galápagos no son tan territoriales como se creía. Un descubrimiento que sería clave para poder protegerlas.

Un estudio realizado en la USFQ demuestra que las lagartijas de lava de la isla San Cristóbal de Galápagos no son tan territoriales como se creía. Un descubrimiento que sería clave para poder protegerlas.

Carlos Valle asegura poder atrapar una lagartija en menos de 5 minutos. Es toda una hazaña, tomando en cuenta lo rápidas y escurridizas que son. Esta actividad forma parte de su trabajo cotidiano. Este biólogo y ecólogo oriundo de Galápagos, obtuvo su PhD en la Universidad de Princeton. Desde hace varios años, como investigador de la Universidad San Francisco de Quito, se ha interesado por la fauna del archipiélago, estudiando a fondo la problemática a la que se enfrentan las aves marinas. También está enfocado en las Microlophus bivittatus, más conocidas como “lagartijas de lava”, endémicas de la Isla San Cristóbal. Ha hecho varias investigaciones respecto a ellas, una de las más recientes es sobre su diferenciación genética.

“Bajo el precepto de que son especies muy territoriales y por ende ocupan virtualmente el mismo territorio durante toda su vida, pensamos que habría poblaciones diferenciadas unas de otras. Entonces con una estudiante de maestría –Ana Troya– empezamos a hacer este estudio que busca dilucidar a nivel genético si están o no emparentadas” afirma Valle.

Para esto se recolectaron más de 150 muestras de piel de lagartijas de 6 localidades de la isla San Cristóbal en dos épocas diferentes del año. Con esas muestras se analizó el ADN de estos reptiles y lo que se encontró fue sorprendente.

“Tenemos evidencia de que durante la época no reproductiva las lagartijas dejan de ser territoriales y empiezan a desplazarse de manera gradual mientras buscan su alimento. Cuando llega la época reproductiva –estamos hablando de febrero hasta fines de abril, o incluso hasta mayo– ellas empiezan a reproducirse y establecen un territorio en ese nuevo sitio” explica Valle.

Es decir que las lagartijas sólo en determinada época del año permanecen en el mismo sitio. En otras suelen desplazarse y cuando llega la época reproductiva, empiezan a intercambiar genes con individuos de esas nuevas zonas a las que llegaron. Eso explica por qué éstos individuos son tan similares entre sí; porque están emparentados.

¿Y para qué sirve saber esto? para poder conservarlas. Investigaciones anteriores de Valle demostraron que estas pequeñas están siendo depredadas por los gatos vagabundos, ahora al saber cómo se están moviendo, se podrá conocer más de su comportamiento y con ello se logrará protegerlas mejor.

Estos animalitos cumplen –como todos– un rol importante en el ecosistema, como lo explica Carlos Valle: “Las lagartijas al ser depredadores de insectos pequeños, de animales pequeños están a su vez regulando la abundancia de otras especies. Muchas de estas especies son polinizadoras, pero otros son depredadores de flores, de frutos de semillas. El momento que tú remueves un elemento del ecosistema, no puedes a imaginar las consecuencias que se dan”.

Con respecto a las lagartijas, algunas dudas ya han sido despejadas y están reflejadas en publicaciones científicas, pero las inquietudes permanecen, porque para científicos como Valle, el afán de descubrir no cesa porque ven en la ciencia, la herramienta para poder conservar este paraíso de vida.

“La ciencia –dice Valle– es absolutamente necesaria para poder conservar Galápagos porque tenemos una población humana que necesita recursos. Si no tenemos información científica, no podemos atender esas necesidades brindando soluciones que satisfagan esos requerimientos, humanas pero que –a la vez– preserven el recurso más importante que son todas las formas de vida que hay en el archipiélago”.

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