Música en seis caras


En medio de un escenario, vemos un joven músico a punto de interpretar música electrónica. Está rodeado de computadores y en sus manos sostiene cuidadosamente un cubo. Parece un juguete o quizás se trate de una consola de videojuegos.

En medio de un escenario, vemos un joven músico a punto de interpretar música electrónica. Está rodeado de computadores y en sus manos sostiene cuidadosamente un cubo. Parece un juguete o quizás se trate de una consola de videojuegos.

En realidad, no es ni lo uno, ni lo otro. Es algo aún mejor. Este cubo es un instrumento musical. Quien lo sostiene es Gabriel Montúfar, profesor de producción musical y sonido de la Universidad San Francisco de Quito.

“Le muevo para un lado y suena un bombo; le muevo para el otro y suena un bajo. Le pongo en otra posición y suena una voz y si vuelvo a moverlo se apaga la voz. De esta forma estoy ordenando que se activen o se desactiven distintos sonidos, que juntos funcionan” explica Montúfar.

Este cubo fue el desarrollo con el que Gabriel Montúfar obtuvo su maestría en diseño de sonido en la Universidad de Oregón. Funciona así: varios sensores interpretan el movimiento y la presión que el cubo recibe y los convierte en señales que viajan a un computador. Un programa informático reconoce esas señales y las transforma en diferentes sonidos. Hoy la tecnología es cada vez más accesible, y se vuelve una herramienta para componer música.

“Desde los años 50 –explica Montúfar– muchos artistas de música electrónica empezaron a experimentar con la tecnología. En ese entonces era mucho más difícil pues ésta no era accesible a cualquier persona. Dentro de las universidades se ha venido trabajando muchísimo en eso y hoy es mucho más común porque uno puede acceder a tecnología de bajo costo y a aprender a usarla muy fácilmente. Se la puede aplicar en cualquier rama de las artes que se quiera”.

Esta –como muchas investigaciones– no tiene un propósito utilitario inmediato, sino que su cometido es proponer algo diferente, porque en el mundo del arte, es preciso innovar, provocar y empujar los límites establecidos. Lo nuevo, lo diferente brinda a los artistas panoramas más amplios. Como músico Gabriel buscaba desarrollar nuevos sonidos.

“Lo que yo quiero hacer es hacer sonidos que sean a lo bestia y que alguien más oiga y diga ¡qué bestia! esta persona hace un sonido a lo bestia ¿cómo lo habrá hecho? y de alguna forma influenciar en el mundo profesional. Que mis cosas sí influencien y que la gente sepa que sí hay cómo romper límites” afirma.

El cubo ha sido incluido en varias composiciones electrónicas de Gabriel Montúfar y demuestra que la tecnología puede ser una gran aliada de la creatividad y del talento musical.

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