Una imagen para la posteridad


Hay otra manera de mirar la actualidad. Un artista de la USFQ ha grabado en metal y arcilla uno de los momentos más representativos vividos el 30 de septiembre del 2010.

Hay otra manera de mirar la actualidad. Un artista de la USFQ ha grabado en metal y arcilla uno de los momentos más representativos vividos el 30 de septiembre del 2010.

Una imagen dice más que mil palabras. Y en el caso de la escultura de Rafael Correa hecha por Howard Taikeff -profesor de escultura de la Universidad San Francisco de Quito- el refrán se cumple cabalmente.

Es una obra de más de 2 metros de alto, hecha en hierro y arcilla que recrea el instante en el que el Presidente de la República se abre la camisa mientras se dirige a la población desde una de las ventanas del Hospital de la Policía, el recordado 30 de septiembre del 2010.

“Me encanta la huella histórica que uno crea con los monumentos, porque alguien tiene que decidir hacer el monumento y alguien tiene que contratar un artista para hacerlo y eso sucede porque la sociedad quiere grabar esta historia o siente que esta persona es importante” asegura Taikeff. Sin embargo,este no es el caso. Nadie pidió hacer esta escultura. Taikeff la hizo porque quiso.

“Como artista -asegura- me parece sumamente interesante cómo mi obra tiene un discurso con la actualidad. En este caso de la escultura de Rafael Correa ha sido muy interesante porque es un monumento que hicimos oficial en estilo, pero nadie lo ha pedido”

Taikeff ha estado interesado en lo que sucede en este país, que, aunque no es el suyo, sí ha sido su hogar desde hace más de 20 años. Él es un narrador, que quiere plasmar lo que sucede sin utilizar las palabras. Para escoger la imagen de la escultura, Taikeff estudió los instantes más representativos que sucedieron aquel día y escogió el que él consideró más fuerte. Cree que el momento en el que Correa se abre la camisa, representa la tensión que se vivía en ese momento.

La interpretación de esas imágenes -dice Howard Taikeff- queda a criterio del observador: “quería tomar esta imagen, de la forma más objetiva y que sea un monumento público. Yo he sido fiel a la realidad y no busco influir en la reacción del observador. La gente a la que no le gusta Correa va a criticar, a utilizar la escultura como un vínculo de expresarse y la gente que lo ama, va a decir también que es una imagen propositiva. Yo no estoy insultando a nadie y me parece interesante que la escultura tome una vida en la sociedad en lugar de ser un objeto que se archive después”.

En la base de la escultura unas viñetas con más episodios de aquel día, complementan la narrativa de esta, una imagen icónica que dio la vuelta al mundo y que ahora quedarán grabada a fuego y metal. Porque la labor de los artistas no es ser testigos pasivos de la realidad, sino cronistas que dejen una huella de los acontecimientos que marcaron la sociedad y la época en las que les correspondió vivir.

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