La USFQ empeñada en preservar el Mortiño


Esta fruta crece de manera silvestre en los páramos andinos ecuatorianos. La degradación de estos ecosistemas podría amenazar su supervivencia. Investigadores de la USFQ están dados a la tarea de preservarla.

Esta fruta crece de manera silvestre en los páramos andinos ecuatorianos. La degradación de estos ecosistemas podría amenazar su supervivencia. Investigadores de la USFQ están dados a la tarea de preservarla.

El mortiño se vuelve muy popular a principios de noviembre cuando llega la época de colada morada. Además de deliciosa, esta fruta tiene benéficas propiedades antioxidantes. Irónicamente nadie la siembra. El mortiño crece de manera silvestre en los páramos andinos y no hay quien lo cultive. Eso puede amenazar su supervivencia pues se está dejando todo al azar y hoy eso es particularmente riesgoso porque los páramos están siendo fragmentados.

“El momento en que se acabe el páramo, se acaba también el mortiño. Además, si nosotros queremos explotar este recurso biológico tenemos que tener estrategias agrícolas para hacerlo, por esas razones estamos estudiando el mortiño” asegura María de Lourdes Torres vicedecana del Colegio de Ciencias Biológicas y Ambientales de la USFQ, quien dirige esta investigación.

Cultivar mortiño podría ser una alternativa agrícola interesante y además sería una manera de preservarlo. Por eso biólogos de la Universidad San Francisco de Quito han empezado a cultivarlo in vitro. En el Laboratorio de Biotecnología Vegetal vemos unos recipientes cristalinos que guardan material genético mezclado con nutrientes que incentivan el crecimiento de las células vegetales, de este grupo de células saldrán brotes de la planta que luego serán colocados en un sustrato de tierra donde se busca su aclimatación.

“Trasladar estos ejemplares a un sustrato de tierra – comenta María de Lourdes Torres- demandó saber qué tipo de tierra era el óptimo, porque no crece en cualquier suelo. En ese proceso nos hemos dado cuenta que el cultivo del mortiño es muy exigente y seguramente tampoco va a crecer en cualquier condición de luminosidad”

Para complementar esta investigación era necesario un estudio de diversidad genética. Se tomaron 126 muestras de 9 localidades de la serranía andina. Bernardo Gutiérrez participó como tesista en el estudio. “En diversidad genética lo que estamos buscando es explicar qué tan distintos son los mortiños que recolectamos en las diferentes zonas a fin de ver si los de ciertos sitios tienden a ser diferentes entre ellos de lo que son aquellos de otras zonas” comenta.

Que los individuos de una misma población sean muy diferentes entre sí, es una ventaja porque hay más oportunidades de supervivencia cuando la especie se enfrenta a cambios en el ambiente. Para fines agrícolas, esa variedad de rasgos también sirve para el mejoramiento de características. En el caso del mortiño se encontró una diversidad genética moderada. María Mercedes Cobo fue otra de las tesistas que se involucró en el proyecto.

“Vimos que son similares entre sí, que, si comparábamos un individuo de Pichincha y uno de Imbabura, genéticamente resultaban bastante similares, pero cuando los relacionábamos con características de altura y ahí sí podemos ver una diferencia muy clara en la que las plantas que estaban a 4 mil metros sobre el nivel del mar” afirma.

En el futuro los ejemplares de laboratorio se trasladarán al campo y así se tendrán los primeros cultivos de mortiño en el Ecuador.

“A mí me gustaría que en algunos años se puedan establecer cultivos y que realmente se explote al fruto de una manera nueva y moderna porque es un fruto único y además es la única baya andina y entonces es algo que no podemos dejar que desaparezca” dice María de Lourdes Torres.

¡Qué delicia! Mortiño para rato en nuestra mesa, gracias a la ciencia y la tecnología que se desarrollan en la USFQ.

Imágenes