Golpe a golpe: una lucha por la subsistencia


La protección de recursos ubicados dentro de una reserva enclavada en los Andes ecuatorianos, amenaza el trabajo de un grupo de artesanos cuya labor se viene realizando desde hace varias generaciones. Antropólogos de la USFQ hacen un profundo análisis sobre la situación.

La protección de recursos ubicados dentro de una reserva enclavada en los Andes ecuatorianos, amenaza el trabajo de un grupo de artesanos cuya labor se viene realizando desde hace varias generaciones. Antropólogos de la USFQ hacen un profundo análisis sobre la situación.

En las faldas del imponente Chimborazo, un puñado de hombres cargados con picos y palas extraen una piedra enorme que será la materia prima de su trabajo. Son picapedreros. Están en la reserva faunística Chimborazo, pero viven en la parroquia San Pablo, no muy lejos de ahí. Están en busca de una roca llamada andesita que esculpen para transformarla en objetos decorativos. Eso genera un conflicto.

Lo explica Consuelo Fernández- Salvador, profesora e investigadora del Colegio de Ciencias Sociales y Humanidades de la USFQ: “ahí se da una contradicción con el gobierno, porque obviamente desde el gobierno viene una protección frente a esta piedra que ellos están explotando porque proviene de una reserva nacional y por otro lado ellos necesitan explotar esta piedra para poder realizar su trabajo artesanal que consideramos patrimonial”.

Hace un tiempo el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural encargó al Centro de Investigaciones Socio Culturales de la USFQ, un estudio antropológico sobre la situación de los picapedreros de San Pablo. Los antropólogos elaboraron un diagnóstico de la comunidad y también un plan de salvaguardia para sostener y conservar el oficio. La tarea fue llevada a cabo por Consuelo Fernández – Salvador y Michael Hill.

“Hemos recopilado varios testimonios de picapedreros –asegura Michael- que aseguran que estaban ahí, dónde está la piedra blanca andesita, desde los 70s, quizás desde los 80s antes de la formación de la reserva Chimborazo en 1987, ellos dicen: ‘sí entendemos que es parque nacional, pero nosotros estábamos antes de la formación del parque nacional’ y eso es muy importante”.

Los picapedreros se agremiaron y formaron la asociación “21 de abril”. El estudio afirma que no hay contradicción entre la protección del patrimonio natural –en este caso los recursos situados dentro de la reserva faunística Chimborazo- y patrimonio cultural que es la actividad de los picapedreros, ya que se trata de una labor artesanal, no extractivista, practicada desde hace varias generaciones y que constituye el modo de sustento de esta población. Uno de los argumentos a los que apelaron los antropólogos fue el concepto del Sumak Kawsay o la filosofía del buen vivir que es la base ideológica del gobierno actual.

Así lo explica Consuelo Fernández – Salvador: “¿de qué se trata este buen vivir? Si incluso entre las mismas poblaciones indígenas que son el referente del buen vivir, hay una relación muy íntima y armónica con la naturaleza, pero también históricamente han hecho uso de los recursos que están a su alrededor, obviamente no en la manera en que el mundo occidental lo hace con una sobreexplotación, pero sí se ha hecho uso de esos recursos”.

Este estudio etnográfico implicó convivir con la comunidad para conocer de cerca su problemática. 24 miembros de la asociación y 20 mujeres de la comunidad fueron entrevistados a profundidad. Fernández Salvador y Hill plantean los límites de lo patrimonial y lo ancestral en este estudio que ahora es –además- el documento oficial del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural frente al tema, demostrando que la antropología conlleva análisis prácticos para comunidades vulnerables.

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