Ya no tendremos que botar las ollas


Vamos a dejar de cocinar con gas y empezaremos a hacerlo con electricidad. Pensábamos que cuando llegue ese momento todo el arsenal de ollas y utensilios que usamos iría a parar a la basura. Pero ahora un equipo de ingenieros mecánicos de la USFQ ofrece una solución eficiente, práctica y barata para evitar ese enorme desperdicio.

Vamos a dejar de cocinar con gas y empezaremos a hacerlo con electricidad. Pensábamos que cuando llegue ese momento todo el arsenal de ollas y utensilios que usamos iría a parar a la basura. Pero ahora un equipo de ingenieros mecánicos de la USFQ ofrece una solución eficiente, práctica y barata para evitar ese enorme desperdicio.

Vamos a dejar de cocinar con gas y empezaremos a hacerlo con electricidad. Pensábamos que cuando llegue ese momento todo el arsenal de ollas y utensilios que usamos iría a parar a la basura. Pero ahora un equipo de ingenieros mecánicos de la USFQ ofrece una solución eficiente, práctica y barata para evitar ese enorme desperdicio.

Para el 2017 se eliminará el subsidio al gas. En vez de pagar USD 1.60 por el cilindro como lo hacemos ahora, pagaremos entre los 15 y 20 dólares que corresponden a su valor real. Esto implica un ahorro de más de 800 millones de dólares para el Estado, pero un peso para los ecuatorianos que utilizamos gas para cocinar. Ante esto, la alternativa gubernamental es la operación de ocho nuevas centrales hidroeléctricas –que próximamente- nos proveerán de electricidad abundante y barata. Con esta energía disponible abandonaremos nuestras antiguas cocinas a gas y migraremos a la cocina de inducción que utiliza electricidad. Se prevé que entren a operar más de 3 millones de estos aparatos.

Cuando eso suceda también tendremos que botar la mayoría de ollas que utilizábamos en la cocina de gas, porque ya no servirán en la eléctrica. El aluminio, bronce o cobre de las ollas convencionales no son ferromagnéticos, es decir que no tienen la capacidad física de interactuar con el campo electromagnético de las cocinas de inducción para generar calor. Serán decenas de millones de utensilios botados a la basura. Un desperdicio de recursos y una carga ambiental enorme.

Ingenieros mecánicos de la USFQ tiene una práctica solución para este problema. Ellos han desarrollado un recubrimiento para volver aptos para la cocina de inducción a los utensilios comunes. Consiste en una delgada capa de material ferromagnético. Alfredo Valarezo profesor y coordinador de la carrera de ingeniería mecánica explica: “solamente la base de la olla es la que interactúa con el campo magnético de la cocina, entonces nosotros depositamos -sólo allí- un material ferromagnético por un proceso de metalización de tal manera que el material se adhiere perfectamente a la superficie. Hemos determinado cuáles son los espesores mínimos para ofrecer una prestación elevada de eficiencia energética. La capa de recubrimiento tiene que ser lisa y sin relieves y presentar resistencia a la corrosión. Todas estas características son las que hemos comprobado desde la parte teórica y ahora también desde la práctica”.

Una solución que nos permitirán a todos ahorrar. Pues el revestimiento costará unos pocos dólares: “pensaríamos que la aplicación podría llegar a costar unos 8 o 10 dólares por olla dependiendo el tamaño -explica Valarezo- éste es un precio competitivo comparado con el precio original del componente, estamos hablando de que una olla de presión cuesta unos 30 dólares, con esta solución lo que se iba a la basura ya se puede reutilizar. Es beneficioso, más aún si es que comparamos con la necesidad de comprar esta olla en versión de acero inoxidable donde los precios bordean los 70, 80 dólares en adelante hasta unos 300. Este revestimiento sería tan durable como la vida útil del utensilio”.

Diego Albuja y Jorge León son un par de estudiantes de ingeniería mecánica que hicieron de esta iniciativa su proyecto de tesis.

“Mi trabajo consistió en demostrar que sí funciona esta capa de recubrimiento en las ollas y en determinar el espesor mínimo requerido. Que sea eficiente tanto en costos como en material para que funcione de igual forma que cualquier otra olla y rinda el mismo desempeño” asegura Diego.

“Lo que yo hice –explica Jorge León- fueron las simulaciones computacionales. Lo que hacíamos era hacer pruebas en computadoras porque las reales son muy costosas, entonces utilizamos unos programas especializados en física con los que simulábamos cómo era el calentamiento por inducción. Teníamos que combinar 3 tipos de físicas referentes al electromagnetismo y la transferencia de calor. Con estas simulaciones nosotros podíamos obtener los espesores mínimos que debíamos tener para que se genere un calentamiento eficiente pero que –a la vez- sea rentable porque si era muy grande se volvía muy caro. Eso fue lo que yo hice”.

Una idea redonda, pues el beneficio está en muchos aspectos: se evita la carga ambiental que supone decenas de millones de ollas botadas a la basura, se ahorra al no tener que desechar lo que todavía sirve, pero aún hay más. El proceso -hoy por hoy- está validado en laboratorio y en la fase práctica y presenta precios competitivos. A futuro se piensa transferir esta tecnología a microempresarios de todo el país.

“La idea es que esta tecnología generada completamente aquí, pueda empezar a transferirse a todos los rincones del país. Obviamente nos aseguraríamos que haya procesos calificados para que así, toda persona que lo aplique tenga la capacitación adecuada y que proceda de manera correcta y así todos ganemos” nos cuenta Alfredo Valarezo.

¡Bien por las buenas ideas generadas en el país para beneficio de todos los ecuatorianos!

Imágenes