Conservando al único oso sudamericano:  El Oso de Anteojos


Una oportuna investigación de la USFQ logró determinar que cinco parroquias rurales del Distrito Metropolitano de Quito albergan una población de osos de anteojos. Esa investigación ha servido de base para la elaboración de políticas públicas tendientes a proteger a esta especie en peligro de extinción.

Una oportuna investigación de la USFQ logró determinar que una de las parroquias rurales del Distrito Metropolitano de Quito alberga una población de osos de anteojos. Esa investigación ha servido de base para la elaboración de políticas públicas tendientes a proteger a esta especie en peligro de extinción.

Santiago Molina es ecólogo e investigador asociado de la Universidad San Francisco de Quito. Lo vemos en el campo con un geo localizador, un aparato que puede rastrear la presencia de animales. Hoy Santiago está buscando a Yumbo, un oso andino joven que creció en centros de rescate y que hace poco fue liberado en el bosque de Yunguilla en el Noroccidente de Quito gracias a la Fundación Zoológica del Ecuador y a la Secretaría de Ambiente del Distrito Metropolitano de Quito. Las señales indican a Santiago que Yumbo anda cerca… esa es una buena noticia.

“Eso nos alivia, porque es precisamente lo que necesita este oso -asegura Santiago- encontrarse con su familia y que ellos le enseñen, porque a Yumbo no hubo quien le enseñe a comer. Le dimos comida nativa, pero treparse a un árbol y coger una palma, eso no. Se le dio palma ya abierta, pero abrir por sí mismo una palma, es una experiencia que no pudo tener”.

Yumbo es un oso andino también conocido como oso de anteojos, aunque no siempre estos animalitos tienen marcas en forma de anteojos. Cada uno de ellos tiene manchas en la cara y en el cuello que son únicas e irrepetibles, igual que nuestras huellas dactilares. Se alimentan –mayoritariamente- de plantas y frutas. Por esa razón necesitan mucho territorio para sobrevivir. Se calcula que -al año- cada individuo requiere de 1.000 hectáreas de bosque maduro. Pero cada vez hay menos bosques y los que hay, están siendo fragmentados debido a las actividades humanas. Eso es una amenaza pues –entre otras cosas- aísla a los osos y les dificulta encontrar pareja y reproducirse adecuadamente.

Santiago Molina ha dedicado años a investigarlos. Con un sistema de cámaras-trampa, él ha logrado determinar que en esta zona viven 45 de los 2.000 osos andinos que se calcula hay en todo el país. La especie está en peligro de extinción, por eso es urgente protegerlos. Este estudio fue fundamental para que la Secretaría de Ambiente del Distrito Metropolitano de Quito establezca el “Corredor Ecológico del Oso Andino”. Un territorio de 65 mil hectáreas que comprende las parroquias de Nono, Calacalí, Nanegalito, Nanegal y San José de Minas y que busca normar las actividades humanas de tal manera que no amenacen la supervivencia de los osos.

“Lo que busca el corredor es que los osos que están presentes aquí en este territorio se puedan desplazar por los diferentes lugares sin riesgo, que puedan cruzar una carretera como la Calacalí –Nanegalito, que puedan cruzar un río como el río Guayllabamba, es decir que puedan cumplir todos sus roles ecológicos de alimentación, de reproducción, de movimiento” explica Molina.

En el pasado la comunidad de Yunguilla vivía de explotar el bosque y veían al oso como una amenaza. Hoy lo ven como una riqueza y apuestan por una economía sustentable.

“Nosotros hemos venido de un proceso ya de 20 años enfocados a los temas de conservación, reforestación y manejo de los recursos naturales. Nunca antes nos habíamos metido tan a fondo en un proyecto de investigación como lo hacemos ahora. Y es porque esto nos trajo cosas sorprendentes, como que hizo empoderarnos más de nuestro territorio, de nuestro bosque” asegura Galindo Parra miembro de esta comunidad.

Esta investigación ha guiado hacia mejores prácticas comunitarias y también ha sido fundamental para la declaración de una política pública que hoy protege a esta especie.

“Definitivamente mientas más evidencia y más justificación técnica y científica tenemos es mucho más fuerte la política pública porque no es algo que estamos haciendo ni desde el estómago, ni desde lo que se nos ocurre sino desde la evidencia que existe” asegura Verónica Arias, Secretaria de Ambiente del Distrito Metropolitano de Quito.

La investigación continúa porque mientras más se sepa de esta especie, mejor se la podrá conservar. Esto es ciencia a favor de la vida.

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