Nuestro emblemático capulí podría estar en peligro


Muchos de nosotros recordamos al capulí con nostalgia. Cuando niños, jugar a la sombra de uno o comer sus frutos, era una experiencia maravillosa que podría quedar para el recuerdo. Investigadores de la USFQ descubrieron que esta especie podría ser vulnerable de amenaza.

Muchos de nosotros recordamos al capulí con nostalgia. Cuando niños, jugar a la sombra de uno o comer sus frutos, era una experiencia maravillosa que podría quedar para el recuerdo. Investigadores de la USFQ descubrieron que esta especie podría ser vulnerable de amenaza.

Las personas migran, los animales también. Y como ellos, llevadas por el viento o la acción humana o animal, las plantas pueden ir expandiéndose por determinado territorio. María de Lourdes Torres, vicedecana del Colegio de Ciencia Biológicas y Ambientales de la USFQ, ha dedicado años a estudiar el capulí.

“El capulí -asegura María de Lourdes- llega al Ecuador hace 100 años y la gente empieza a sembrarlo como una barrera contra el viento en los cultivos que ellos tienen y de ahí se dan cuenta que es un árbol que produce esta fruta y empieza la recolección”.

El capulí es una cereza andina que contiene antioxidantes. Todos hemos disfrutado alguna vez de él y aunque es muy popular en nuestra cultura, no se sabe de productores agrícolas dedicados a esta fruta. Lo que llega a los mercados es simplemente producto de la recolección y no del cultivo.

Sabiendo esto, científicos de la USFQ se preocuparon por hacer un estudio genético del capulí para determinar su diversidad. La diversidad genética es el número de características genéticas dentro de cada especie. A mayor diversidad, las especies tienen mayores probabilidades de sobrevivir a cambios en el ambiente, porque tienen más y variados rasgos que les permiten enfrentar esos cambios.

“Si hay altísima diversidad uno puede decir bueno el capulí está feliz y tiene muchos años más y no debemos preocuparnos. Pero cuando la diversidad es mediana como en el caso del capulí, entonces vas estableciendo estrategias de conservación”, explica María de Lourdes.

A lo largo de 4 años se fueron tomando 217 muestras, en 8 provincias de la serranía que fueron llevadas al laboratorio para extraer y analizar el ADN. Los biólogos estudiaron estos genes para encontrar huellas que permitan comparar las variaciones entre los individuos y así determinar la diversidad genética que había. Juan José Guadalupe –profesor de la universidad- también participó en el estudio: “siguiendo con el análisis queríamos descubrir si había algún tipo de patrón geográfico, es decir, si había alguna relación de variabilidad según las provincias y lo que encontramos es que sí existe cierta diferencia entre las del sur con las del norte”.

El capulí ubicado en Chimborazo está emparentado con el de Pichincha, mientras que los de Azuay y Cañar presentan algo de diferencias. Este estudio fue acreedor a dos becas de investigación y ha sido publicado en la revista especializada Biochemical Systematics and Ecology. Este análisis es una herramienta valiosa que permite establecer una alerta sobre la situación de vulnerabilidad en la que podría estar el capulí. Y es un paso para despertar un interés comercial en él, como una manera de asegurar su supervivencia.

“Cuando empezamos a ocupar el nicho de una fruta con otra, la vamos perdiendo. La gente recolecta menos y entonces se pierde el sentido del capulí y eso sería muy triste. Entonces hacer un estudio de diversidad genética te va diciendo el mapa de distribución genético del capulí para que después fito-mejoradores empiecen a tener interés y empiecen a hacer plantas”, asegura María de Lourdes Torres.

El capulí es muy ecuatoriano y un grupo de ecuatorianos desde la USFQ lo investigan para protegerlo y conservarlo.

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