Duendes y duendas salvados del olvido


Enclavada en una montaña de Imbabura está la humilde casa de “Mamá Pastora”. Tiene ya su buena cosecha de años, y todos en su comunidad la conocen por sus historias.  Cuando empieza a contar sobre aparecidos y borrachos castigados, empiezan a llegar familiares que también aportan con sus cuentos.

Enclavada en una montaña de Imbabura está la humilde casa de “Mamá Pastora”. Tiene ya su buena cosecha de años, y todos en su comunidad la conocen por sus historias.  Cuando empieza a contar sobre aparecidos y borrachos castigados, empiezan a llegar familiares que también aportan con sus cuentos.

Y es que hay historias que pasan de boca en boca y se heredan a través de los siglos.  Así nació la literatura.  No fue en grandes publicaciones ni en tomos de lujo, sino por medio de narradores y bardos como el griego Homero que nos legó la Ilíada; o con los cuenteros y juglares medievales, personajes populares en torno a los cuales la gente se reunía para escucharlos y aprender.

Los libros no han logrado recoger toda esa literatura oral.  Historias, cuentos, cantos, coplas o poemas tan antiguos que viven mientras son contados. Y hoy la modernidad los amenaza de muerte.

Por eso Laura Hidalgo Alzamora, literata y profesora de literatura oral de la USFQ, se ha propuesto desde hace años  trasladar el acervo oral del país a libros y así salvarlos del olvido y la extinción.   Su último obra de resctae cultural titulada  “Duendes y duendas más otros aparecidos de aquicito nomás” fue publicado a finales del 2013 por la USFQ. Un trabajo de campo  que se alargó por 16 años para recoger historias desperdigadas por todo el Ecuador.

“Tenemos 240 textos que fueron recogidos de labios de 215 informantes.  Este  trabajo de campo se realizó con la ayuda de 154 estudiantes de la USFQ” nos explica Laura.

“Las historias -agrega María José Garcés, una de las estudiantes que participó en el proyecto- te dejan un mensaje profundo. Son simples, no necesitan grandes escenarios, ni muchos personajes, pero con una narración que dura 3 o 4 minutos te dejan una enseñanza de por vida”.

El libro es un trabajo de acopio que, sin análisis literario ni retoques lingüísticos,  traslada al papel las historias contadas por ecuatorianos sencillos.

“Este trabajo de recopilación de literatura oral es importantísimo porque algún día va a desaparecer. Cada día es menos probable que el abuelo se siente a contar un cuento a su familia o a los miembros de la comunidad. Cuando pasamos a código escrito toda esa maravilla de literatura oral, esto va a quedar para las futuras generaciones”. Afirma Laura Hidalgo.

Historias que guardan enseñanzas.  Útiles herramientas que con moralejas dan  pautas de conducta a la gente, pero que además nos permiten atisbar en el pasado y en la forma de vida de toda una sociedad. Historias que ahora han quedado atrapadas en el papel y así seguirán vivas para las próximas generaciones.

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