La Moda refleja la forma de pensar de la Sociedad


Corsés para afinar la silueta femenina, armazones de metal para ampliar las faldas y cantidad de enaguas para encerrar los olores del cuerpo. La reflexión de una académica de la USFQ descubre cómo tras estas prendas se esconde la forma de pensar de toda una época y de una sociedad.

Corsés para afinar la silueta femenina, armazones de metal para ampliar las faldas y cantidad de enaguas para encerrar los olores del cuerpo. La reflexión de una académica de la USFQ descubre cómo tras estas prendas se esconde la forma de pensar de toda una época y de una sociedad.

Corsés para afinar la silueta femenina, armazones de metal para ampliar las faldas y cantidad de enaguas para encerrar los olores del cuerpo. La reflexión de una académica de la USFQ descubre cómo tras estas prendas se esconde la forma de pensar de toda una época y de una sociedad.

Cristina Burneo es profesora de la USFQ. Ha realizado estudios de género y tiene además un PhD en Literatura Hispanoamericana. Investigando la indumentaria de la mujer burguesa quiteña del siglo XIX, ella ha encontrado una relación entre ésta, el sistema político que comenzaba a imperar y el rol femenino.

“A la vida de las mujeres burguesas de Quito -explica- llega el corsé el cual está hecho para modelar la silueta. Se resalta el busto y las caderas y con ello se promete fertilidad. Las mujeres que lo portan anuncian que ellas serán las que van a reproducir ciudadanos para la nación”.

En 1830 nace la República del Ecuador y, tras fuertes dolores de parto, surge una sociedad ansiosa por mostrarse capaz de dirigir sola su propio destino. Pero se siguen importando referentes extranjeros: “El Ecuador se funda -dice Burneo- sobre la base de un modelo que viene de Europa. De allí vienen las ideas, las modas, los comportamientos. Esta matriz europea nos dice qué es la civilización, entonces quien más cumpla estos códigos, más civilizado será. A veces las burguesías americanas son más europeas que las europeas. Todos los rituales, las etiquetas, las modas se cumplen a pie juntillas y muchas modas son impuestas por religiosos que escriben tratados de cómo debe vestir la mujer para no ser escandalosa. La modestia es el código que domina todas las obligaciones de las mujeres”.

La burguesa quiteña del siglo XIX cumple roles estrictos: se quedan en casa a criar hijos y a administrar las tareas domésticas. La mujer no participa en la vida pública. Es prudente, y su voluminosa vestimenta marca la clase a la que pertenece, pero estos ropajes sirven también para sujetarla, reprimirla y controlarla.

“Se usaba una enagua que absorbía todos los aceites y los olores que tenía el cuerpo de la mujer. Después había tres o cuatro capas más. Esos cuerpos llegan a cargar cuarenta libras sobre sí”, describe Burneo. En la mujer todo lo natural es visto con repulsión: la desnudez, la sensualidad, incluso la digestión. Se enjaula al cuerpo en corsés y armazones al punto de llegar al extremo de provocar abortos, enfermedades y muerte.

Burneo explica para qué sirve esta investigación: “tener quince o dieciocho años y ser mujer en 1880 es mucho más difícil en muchos aspectos que hoy, pero ahora todavía es necesario hablar de problemas de género, porque esas emancipaciones no tienen fin, se van reformulando. Es preciso pensar detenidamente en qué medida nos construimos de nuestro pasado”.

Investigar el pasado sirve para tomar conciencia del presente y para exorcizar las represiones que vienen de antaño.

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