Hongos benéficos que controlan plagas de cultivos


Un grupo de investigadores del Politécnico de la USFQ ha obtenido una familia de hongos benéficos especializados en aniquilar plagas que atacan cultivos ecuatorianos de exportación. Biotecnología aplicada para el beneficio del ambiente y del ser humano.

Un grupo de investigadores del Politécnico de la USFQ ha obtenido una familia de hongos benéficos especializados en aniquilar plagas que atacan cultivos ecuatorianos de exportación. Biotecnología aplicada para el beneficio del ambiente y del ser humano.

Las plagas son la pesadilla de todo agricultor.  Cuando atacan se pierden cosechas enteras, y para combatir esas enfermedades los productores recurren cada vez más a los pesticidas.  Pero su uso intensivo constituye una amenaza para el ambiente e incluso, por la cantidad indiscriminada con la que aquí se los usa, también podría tener efectos nocivos sobre la salud humana.

En uno de los laboratorios de la USFQ se ha desarrollado una manera eficiente y ecológica de controlar las plagas a base de tricoderma: un hongo benéfico que come hongos y bacterias perniciosas para las plantas. Antonio León, director del laboratorio de biotecnología agrícola nos explica: “Buscamos controlar plagas, específicamente la Sigatoka que es un hongo y que ataca al banano. En brócoli trabajamos con Alternaria y en rosas son varias, como Botrytis, Peronospora que son también hongos que atacan a los cultivos”.

Las bondades de la tricoderma han venido siendo aprovechadas desde hace décadas.  Resulta que entre la planta y el hongo se crea una alianza beneficiosa para ambas partes,  algo que en biología es conocido como simbiosis:  la planta exuda por su raíz azúcares que alimentan a la tricoderma que vive en el suelo y ella, a cambio,  se come a los hongos malignos que enferman a la planta.  Es un buen negocio para los dos.

Aunque hasta ahora se los había aplicado en varios cultivos, no se lo había utilizado en aquellos destinados a la exportación. Los científicos de la USFQ hicieron algo novedoso; como si fuesen detectives de CSI, investigando y hurgando entre los genes de las distintas familias o cepas de tricoderma han identificado exactamente cuáles contrarrestan enfermedades que perjudican a determinados cultivos ecuatorianos.

“Hicimos estudios desde el Carchi hasta el Macará, detalla Antonio León, recolectando y  levantando información de 200 cepas de tricoderma.  Vimos que cuatro fueron viables para nuestros propósitos de control biológico.  Tuvimos que percatarnos de cuáles eran capaces de comerse a los hongos patógenos y cuales no.  Es tan fino el control biológico,  que debemos evaluar si tal o cual  cepa sirve para Alternaria o no, o si sirve para Sigatoka o no,  porque no todas las cepas o no todo hongo verde, hace la función de combatir las plagas”.

Natalia Riera es estudiante de ingeniería de agroempresas y participó en el proyecto desde el laboratorio.  Nos explica cómo se realiza el proceso:  “físicamente se aísla el hongo patógeno y el benéfico.  Se los coloca juntos en una caja Petri, que es una caja circular de vidrio que se usa en el laboratorio para experimentar.  Ahí se ve cómo ambos hongos van crecimiento. Si es que el hongo benéfico de la tricoderma gana en crecimiento al hongo de la Sigatoka, por ejemplo, entonces sabremos que esa cepa de tricoderma es capaz de controlar a la Sigatoka y a partir de eso ya se puede hacer un producto para contrarrestar la plaga”.

Investigar también fue para Natalia una oportunidad valiosa para aprender de una manera práctica. Este proyecto, dice, me dio además de experiencia esas ganas de investigar más. Cada cosa es muy interesante,  y entonces quieres saber qué pasa con tal o cual cepa de tricoderma y qué le hace a la planta y como le ayuda a enraizar y mantenerse saludable. Eso es bien importante porque verlo ya en la práctica es mucho más útil.  A mí me despertó la curiosidad de ver cómo se desarrollan estos productos para control biológico.

La investigación, que ha durado más de 5 años, ya ha salido del laboratorio y está siendo probada en el campo con resultados exitosos. Aspira a contribuir a reducir el uso de pesticidas en el agro. Según los datos que nos proporciona Antonio León, en el Ecuador los productores de rosas asignan un presupuesto de 1.200 dólares por mes y por hectárea para pesticidas.  Los de banano gastan alrededor de 1.000 dólares por año en pesticidas. Eso muestra el abuso que hay de este recurso.

Se requiere de agricultura más limpia y verde por la salud del ambiente y del ser humano, pero también porque los mercados internacionales exigen cada vez más que los productos que importan sean cultivados con prácticas amigables con el planeta.   Y esta biotecnología no genera impacto ambiental.

“Aquí en el laboratorio hemos detectado que la frutilla tiene tres veces más pesticidas que el tomate y la papa, siendo que el tomate y la papa son de aquellos que más carga química tienen,  pero las frutillas que se encuentran aquí tienen 3 veces más pesticidas. Entonces esto nos dice que debemos encontrar una alternativa más saludable.  Aquí en la San Francisco podemos desarrollar esto y  sin recurrir a la tecnología de afuera” concluye León.

Muy bien por Antonio León y su equipo porque esta investigación está adaptada a nuestras circunstancias y pronto estará a disposición de los agricultores ecuatorianos

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