Biotecnólogos estudian al tomate de árbol y su adaptación a suelos salinos


El laboratorio de Biotecnología Vegetal de la USFQ  ha identificado rasgos genéticos que permitirían a ciertas plantas tolerar la toxicidad que produce la sal en los suelos de cultivo.

El laboratorio de Biotecnología Vegetal de la USFQ  ha identificado rasgos genéticos que permitirían a ciertas plantas tolerar la toxicidad que produce la sal en los suelos de cultivo.

El tomate de árbol, fruto originario de América del Sur, tiene una gran presencia en la mesa de los ecuatorianos. Se lo usa en jugos, compotas y ajíes.  Su cultivo se realiza a lo largo del callejón interandino, entre los 1.600 y los 2.600 metros sobre el nivel del mar.

Pero esta sabrosa y nutritiva fruta tiene que lidiar con algunos problemas para prosperar.  Uno de ellos son los suelos salinos. Por diversas razones -como las erupciones volcánicas y el agua de riego- la tierra puede acumular demasiada sal y eso impide que la planta reciba agua y nutrientes en cantidades adecuadas. “El efecto de la salinidad puede reducir la productividad de una planta al 50 o 70%, nos explica Venancio Arahana PhD en genética molecular de plantas. Inclusive pueden haber casos en donde las plantas no prosperen, no crezcan”

Sin embargo algunas plantas logran buenos rendimientos en terrenos salobres porque tienen genes que las hacen más tolerantes. Y aquí es donde aparece la biotecnología vegetal, una rama de la ciencia que busca modificar plantas a fin de desarrollar determinadas cualidades y puede hacer que esos genes tolerantes no estén en unas pocas plantas, sino en muchas.

Desde hace cuatro años el laboratorio de biotecnología vegetal de la USFQ estudia los genes de estas plantas para identifica cuáles les permiten adaptarse a los suelos salinos.  Los expertos tomaron frutos de diferentes lugares de la sierra ecuatoriana, extrajeron sus semillas y las sembraron in vitro. 

Viviana Jaramillo, ingeniera en procesos biotecnológicos, nos cuenta que expusieron a las plantas a  diferentes concentraciones de sal y se pudo observar  la diferencia en el crecimiento de las diversas semillas, bajo determinadas concentraciones salinas. "De esta manera, nos explica, se pudo por un lado identificar las plantas que tienen mayor tolerancia a la sal y por otro lado identificar la máxima cantidad de sal que toleran estas plantas."

Esta información es un primer paso para identificar plenamente los genes que hacen resistente a una planta a la sal y eso tiene grandes proyecciones.  Una de esas - como dice Arahana- sería aprovechar suelo que hoy no se utiliza, así como confirmar los genes que hacen  tolerantes a ciertas plantas a la sal y trasladarlos a otras plantas.  Una investigación útil que en pocos años más  podría incrementar la productividad de los suelos destinados a cultivos, lo que ayudaría a frenar al expansión de la frontera agrícola.

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