Una crisis que puede convertirse en oportunidad


La investigación de uno de los académicos de la USFQ muestra que a veces el ímpetu de los emprendedores los lleva a buscar un espacio para tomar sus propias decisiones y plasmar sus propias ideas, aunque para ello tengan que renunciar a ser parte de la empresa de su familia.

La investigación de uno de los académicos de la USFQ muestra que a veces el ímpetu de los emprendedores los lleva a buscar un espacio para tomar sus propias decisiones y plasmar sus propias ideas, aunque para ello tengan que renunciar a ser parte de la empresa de su familia.

Thomas Gura es el decano del Colegio de Administración y Economía de la USFQ.  Llegó al país hace 18 años y hoy es parte de una investigación internacional liderada por Babson College, una escuela de negocios reconocida como la líder en el mundo en el tema emprendimiento.  Babson buscó a la USFQ para que sea parte de STEP, un proyecto que busca identificar las prácticas exitosas en las diferentes generaciones de empresas familiares.  Gura aportó con una investigación novedosa. “No es tan raro ver en algunos casos, explica,  que dentro de una empresa familiar no hay exactamente una armonía entre la familia y algunos miembros de ella, especialmente entre la segunda y tercera generación.  Algunos se resisten entrar en la compañía de la familia”

Tras un análisis riguroso basado en entrevistas cualitativas Gura descubrió que muchas veces existe un miembro que  se encuentra incómodo  dentro de la empresa de su familia porque siente que no tiene el poder para tomar las decisiones que quisiera.  Entonces se separa y decide arrancar en solitario con su propia empresa.  Según Gura eso puede, a la larga, traer muchos beneficios:“ellos deciden establecer su propia empresa y una vez que lo logran, sí hay una tendencia de que ellos tarde o temprano regresan a la empresa de la familia buscando una unión,  alguna forma de colaboración conjunta y eso hace que las dos empresas se vuelvan más fuerte y más sólidas”

Gura lo ejemplifica con el caso de una empresa dedicada a la distribución de alimentos cuya flota de vehículos se hacía cada vez más grande. El miembro disidente estableció por su cuenta un negocio de servicio automotriz y que terminó convirtiéndose en proveedor de la compañía familiar haciendo el mantenimiento de los camiones. “La compañía independiente finalmente llegó a formar parte de la entidad original.  Y es que el hijo había probado que sí podía tener su compañía independiente y, por otro lado, la empresa familiar estaba aliviada porque todo el sistema de transporte estaba garantizado porque ya no había problema con el mantenimiento de ninguno de las vehículos”.

Una investigación práctica que da luces de que, en el mundo de las empresas familiares,  la crisis ocasionada por la separación de un miembro no siempre es negativa y puede llegar a constituir una valiosa oportunidad de progreso económico.

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