La historia de América contada al revés


Eduardo Villacís artista y docente de la USFQ inventa un mundo, donde todo lo que nos dijeron que era cierto, por un momento, deja de serlo.

Eduardo Villacís artista y docente de la USFQ inventa un mundo, donde todo lo que nos dijeron que era cierto, por un momento, deja de serlo.

“¿Y si la historia pudiese ser contada al revés?” lo dice con una mirada serena Eduardo Villacís Pástor. Él es un artista que ha osado montar un museo para contar una mentira y quizás burlarse de una realidad.

En la Historia el ganador es quien establece qué es la verdad y qué sucedió en el pasado. “Se nos ha dicho -explica- que la cultura europea era supuestamente muy superior y por eso conquistaron. Yo no creo que sea cierto. Creo que simplemente ellos tenían armas de fuego y eso fue determinante. También se dice que la biología tuvo su parte porque los conquistadores traían virus y bacterias para las que aquí no habían defensas, pero en fin, me imagino que todo pudo haber sido al revés”.

En el 2014 se instaló en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito Antilógica, una muestra que agrupó su producción artística. Los campos que recorre son extensos, y por eso la muestra recopila pintura, y dibujo tradicional, arte fantástico, cómics, museos falsos de historia, animación y videojuegos.

A través de todas estas expresiones se cuenta una singular historia ficticia: El Espejo Humeante, que relata la conquista de Europa por parte de los aztecas. Cristóbal Colón invade a finales del siglo XV el imperio Azteca, pero es derrotado y las mentes indígenas más prominentes desentrañan cómo funcionan las armas de fuego, las replican y mejoran. En este museo falso se pueden ver pistolones y fusiles bellamente decorados, incluso los bocetos para su fabricación.

Adueñados de esta tecnología, recorren el camino que siguió el invasor y llegan a un sitio lleno de nativos blancos, altos y barbudos. Conocen su fe y a un dios delgado clavado en una cruz al que llaman Henry, nombre derivado del cartel que siempre ven encabezando la cruz: Inri. Los aztecas descubren que Henry será un nombre que varios reyes nativos tendrán a lo largo de su historia. Piensan que lo usan en honor a su dios.

El cristianismo es considerado pagano y aniquilado. Un dibujo monocromático atestigua cómo Roma es arrasada y sobre ella se funda Nueva Tenochtitlán, la capital del imperio emergente. En otra imagen vemos al papa Inocencio I sometido a juicio por herejía y rogando piedad al sumo sacerdote azteca.

En bustos y pinturas se ven majestuosos los conquistadores con sus penachos emplumados. Los nativos blancos piensan que los invasores deben ser ángeles, o quizás el epílogo de los castigos divinos que, como las pestes, los han azotado durante siglos por sus pecados.

Como en la historia verdadera, también aquí la conquista arrasa con la cultura de los vencidos. Se pierden pueblos enteros y junto a ellos, sus lenguas y el significado de su arte. En esta fantasía, Villacís supone que los ingleses han sido aniquilados a tal punto que ya nadie habla su lengua. En medio del museo se encuentra un falso ejemplar único firmado por un tal Shakespeare. Los aztecas suponen que es un libro valioso, pero ya nadie puede descifrar lo que dice. Una dolorosa metáfora que el autor usa para reflexionar sobre lo que sucedió en la historia real con la cultura americana.

“Por ejemplo, los Quipus. Ahora no se saben si eran sólo un método de contabilidad o también una forma de escritura y de ser así, quién sabe cuántas cosas se perdieron. Lo mismo sucedió con los códices aztecas. Al perderse también desaparecieron poemas y obras épicas. Entonces es una reflexión sobre eso. Sobre aquello que se desvanece en este proceso de conquista”

La nueva cultura imperante desprecia todo lo nativo. La palidez, la gran estatura y los hombres barbados se consideran bizarros. La imagen de una Venus al estilo Boticelli deja entrever sus venas, como para ilustrar que los blancos son vistos como seres transparentes y despreciables. Impera el racismo.

“Creciendo aquí en Latinoamérica, sostiene el autor, uno se da cuenta el racismo que existe, cuando era niño ese sentimiento era más palpable. Siempre me imaginé qué pasaría si fuera distinto”

Irreverente, Villacís se burla con humor negro de la historia y mientras más mordaz y morboso, más purificador resulta. Quienes ven su obra la admiran:

El concepto que maneja Villacís es impresionante. Te permite ver cómo desde el poder nos han contado lo que ellos quieren que sepamos y ocultan un montón de verdades. Esta es una forma de cuestionar, de hacernos pensar a todos cómo hubieran sido las cosas si es que algo cambiaba”, se indigna una joven visitante.

Eduardo Villacís además de su vocación y formación en arte, estudió ciencias. Sabe bien que para inventar una fantasía hay que estudiar la realidad. Por eso su historia paralela es tan consistente y termina convenciéndonos de que pudo ser posible.

Hoy dirige el Centro de Investigaciones Fantásticas de la USFQ y también coordina la sub-especialización de ilustración y arte secuencial. Considera que el momento favorece a los artistas porque en un mundo ávido de cine, de música y de arte digital hay muchas oportunidades de trabajo. En un mundo globalizado, las fronteras geográficas se van desvaneciendo y hay más posibilidades para exportar el trabajo.

“Tengo graduados que se han puesto pequeñas empresas y ahora están exportando sus modelos tridimensionales para empresas californianas. Ellos les subcontratan. Eso está pasando bastante más ahora que el trabajo es disperso geográficamente”

No es un loco soñador, al contrario es un imaginador sensato. Un apasionado que contagia pasión a sus estudiantes. Un hombre real creando mundos inexistentes donde las historias se reinventan una y otra vez.

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